08 Jun Igualdad y violencia contra la mujer: oportunidad educativa

TALLERES EDUCATIVOS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Igualdad y violencia contra la mujer: oportunidad educativa

Existe una oportunidad educativa para prevenir la violencia contra la mujer. Así lo constata una evaluación de las opiniones sobre igualdad y este tipo de violencia de 309 alumnos adolescentes de cuatro centros educativos de España. Es una de las actividades del Programa PROMUJER, realizada mediante encuestas a adolescentes de 3º y 4º de la ESO y de Bachillerato. Revela que existe un déficit de conocimientos y actitudes sobre igualdad de género y violencia contra la mujer, así como relevantes diferencias entre sexos. Entre las opiniones de los adolescentes, que son un espejo de la sociedad de la que forman parte, destaca su aprecio por una educación más participativa.

 

La violencia contra la mujer es un asunto estrechamente asociado a la igualdad de género. La Organización Mundial de la Salud, en un informe publicado hace nueve años, considera que promover la igualdad es crucial para prevenir esta violencia. En España, los estereotipos sexuales, el sexismo lingüístico y la invisibilidad de la mujer son algunos condicionantes de la violencia de género que se perpetúan en los libros de texto. Hay que desafiar las creencias y los comportamientos arraigados históricamente que impulsan este tipo de violencia.

La evidencia científica demuestra, precisamente, que las creencias y comportamientos que reflejan una falta de respeto hacia las mujeres, un apoyo insuficiente a la igualdad de género y la adhesión a roles, relaciones e identidades rígidas o estereotipos de género son factores que conducen a niveles más altos de violencia contra la mujer.

 

¿Qué es la igualdad para adolescentes?

Alrededor de una quinta parte de los adolescentes identifica la igualdad entre mujeres y hombres en una relación de pareja con disfrutar de los mismos derechos. Una proporción similar con tener el mismo poder de decisión en la pareja. Y esta misma frecuencia relativa de adolescentes entiende que igualdad es respeto. Claramente, a esa edad aún no está formada totalmente una opinión sobre la igualdad. Un 18% de los alumnos identifica igualdad con corresponsabilidad de deberes o tareas en el ámbito doméstico, fruto probablemente de una adquisición de conocimiento práctico –y parcial– sobre la igualdad, limitado al ámbito familiar.

La heterogeneidad de opiniones subraya la necesidad de educación alrededor de conceptos centrales sobre la igualdad. No es suficiente que la igualdad sea un derecho formal, debe ser un hecho o realidad general. El ámbito de la igualdad no es solo el laboral, doméstico o de pareja, debe estar presente en todos los aspectos de la vida humana.

Este es uno de los resultados de un estudio realizado con alumnos de 14 a 17 años de cuatro centros educativos, dos en Cataluña y otros dos en Extremadura (abril y mayo de 2018), previo a la realización de talleres educativos sobre violencia contra la mujer en el marco del Programa PROMUJER, que desarrolla la Fundación Matrix y cofinancia el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

Algunas diferencias observadas entre sexos sugieren la necesidad de reforzar la educación sobre igualdad y violencia de género. Por una parte, las mujeres parecen tener una mayor exposición a riesgos, ya que identifican igualdad con respeto en menor proporción que los hombres. Por otra, existen indicios de sesgos tempranos asociados al rol de sexo, pues algunos hombres entienden en menor proporción la igualdad de derechos o la necesidad de compartir tareas domésticas.

Es preocupante que las acciones de control psicológico o violencia no se identifican con la noción de igualdad. Solo el 6% de los adolescentes asocia la necesidad de libertad individual dentro de una pareja con la igualdad que debe existir en la misma. Por tanto, los adolescentes no asocian la violencia contra la mujer en la pareja con la desigualdad existente.

 

Propuestas ante la violencia contra la mujer de adolescentes. Clasificación de respuestas a una pregunta abierta.

 

Aunque la desigualdad en la sociedad se reconoce de forma mayoritaria, también causa preocupación que la proporción sea inferior en hombres (59%) que en mujeres (80%). Casi un tercio de los hombres interpretan que la desigualdad es propia del ámbito laboral más que de otros aspectos de la sociedad, una opinión que duplica a la de las mujeres. Sin embargo, la inmensa mayoría de las mujeres (80%) considera que la desigualdad está presente en muchos ámbitos de la sociedad, un hecho menos compartido por los hombres (59%). Afortunadamente, con la edad aumenta el reconocimiento de la existencia de desigualdad, desde un 61% a los 14 años hasta un 82% a los 17 años.

Si la existencia de desigualdad o el significado de la igualdad no son evidentes para todos y todas, ya sea por diferencias entre sexos o por edad, hay una oportunidad de influir educativamente. Reconocer la violencia contra la mujer en todas sus formas es una necesidad educativa. Fomentar actitudes, conductas y prácticas sociales convenientes para el conocimiento y la aplicación de la igualdad de género requieren una intervención educativa específica.

 

Valoración de la violencia contra la mujer

La mayoría de los adolescentes (79%) reconoce que la violencia contra la mujer ejercida por su compañero íntimo es un problema social “muy importante”. Sin embargo, esta una opinión es menos relevante en los hombres (69%) que en las mujeres (90%); no obstante, un 30% de los hombres valora este problema como “importante”. Las mujeres, probablemente se identifican más con el papel de “víctima” y entienden mejor la situación y su gravedad. Por el contrario, una parte relevante de los hombres quizá muestra una actitud más comprensiva con la acción del maltratador y manifiesta una actitud que relativiza en cierto modo la realidad.

La mayoría de los alumnos reconoce todas las diferentes formas de violencia contra la mujer, pero es una opinión más heterogénea en los hombres que en las mujeres. Un 17% de los hombres identifica mejor ciertos tipos específicos, como el maltrato físico o sexual, las acciones de control o el maltrato psicológico.

La mayoría de los alumnos desconoce la variabilidad territorial y causal de la violencia contra la mujer. Probablemente esto sucede también al resto de la sociedad, pues aún no existe una difusión de resultados de estudios empíricos sobre esta materia, como los que realiza la Fundación Matrix en colaboración con la Universidad de Vigo en el Programa PROMUJER. La mayoría opina que esta violencia es un problema general en todas las áreas geográficas y estratos sociales, una opinión cuya consistencia es solo cualitativa y comprensible. No obstante, los adolescentes en general tienden a pensar que las personas con una mayor formación o capacidad económica, no se encuentran sometidas a estas situaciones. Ellos opinan más que ellas que esta violencia es excepcional en cuanto a incidencia o su localización geográfica o asociación a estratos sociales.

Esta diferencia entre sexos, partiendo de un conocimiento empírico insuficiente y común a hombres y mujeres, sugiere la preexistencia en los hombres de actitudes de incomprensión o de minusvaloración de esta violencia que justifican intervenciones educativas apropiadas.

Una quinta parte de los alumnos considera que esta violencia es excepcional o inevitable, compartiendo un 13% esta última opinión. Se requiere más educación para mitigar la opinión de excepcionalidad de la violencia contra la mujer. Corregir la percepción de que es un hecho inevitable es aún más necesario. No podemos renunciar a la capacidad de empoderamiento educativo para construir una sociedad mejor. Este pensamiento adolescente deriva en parte del desconocimiento del origen y las causas de la violencia contra la mujer.

Debemos incidir más en que la violencia contra la mujer no es un fenómeno excepcional del ámbito doméstico, sino un hecho motivado por su sexo y cuyo nexo común con otros impactos de la desigualdad es, en todos los casos, consecuencia del machismo presente en la sociedad.

 

Reacciones ante la violencia contra la mujer

Los adolescentes manifiestan dos opiniones mayoritarias sobre lo que debe hacer la sociedad ante la violencia contra la mujer. La mitad apuesta por una vía educativa, y el 45% por una vía punitiva. La eficacia preventiva de los castigos y penas para limitar la prevalencia de la violencia contra la mujer, u otros crímenes, es muy limitada. Sin embargo, sin despreciar el relevante papel de la legislación penal y de las acciones judiciales, es una opción tardía que refleja el insuficiente empeño y confianza en la eficacia de intervenciones educativas y oportunas.

No es de extrañar que los jóvenes de estas edades perciban como medida apropiada el castigo. Cuando ellos hacen algo mal, es la medida más común que reciben. Sin embargo, la cárcel debería ser entendida como un recurso excepcional y no como una solución ejemplarizante o preventiva de un comportamiento psicosocial con raíces en la adolescencia.

Ante un caso de violencia contra la mujer, es muy positivo que la mayoría de los alumnos (68%) opte por denunciar informando a un adulto o a las autoridades. Existe una suficiente sensibilización o concienciación ante esta realidad. Sin embargo, es una posición menos marcada en ellos (59%) que en ellas (78%). En un conflicto de pareja, un tercio de ellos opta por hablar con el hombre antes que denunciar. Esto sugiere diferencias entre sexos en la capacidad reactiva y, de nuevo, la conveniencia de una intervención educativa apropiada, basada en principios psicopedagógicos para enseñar a detectar y saber actuar de forma conveniente.

Las situaciones de violencia contra la mujer son muy variadas en formas e intensidad. Es positiva la ausencia de pasividad, pero es deseable disponer de herramientas comunicativas y de actuación apropiadas. Las propuestas de los adolescentes contra el maltrato a las mujeres destacan la vía punitiva de forma mayoritaria (39%) y, en segundo lugar, la educación y sensibilización (18%). Menos mujeres que hombres optan por la vía punitiva (alrededor de 10 puntos porcentuales menos). Más mujeres que hombres optan por la educación y sensibilización (ocho puntos porcentuales más).

La tercera opción preferida es educar de forma temprana (15%), también más por ellas que por ellos (casi nueve puntos porcentuales más). Todo lo anterior refleja probablemente la existencia de diferencias de género de base psicobiológica, y subraya la relevancia de una intervención educativa oportuna para prevenir el maltrato a la mujer.

Una inmensa mayoría de los adolescentes (89%) valora positivamente la utilidad de talleres sobre violencia contra la mujer para prevenir o saber actuar, o para ambos fines. Aprecian el valor de esta intervención educativa, probablemente por su carácter más participativo o dinámico que otros métodos que no integran la dimensión emocional o vivencial.

Los adolescentes tienen razón, como evidencia la valoración y el impacto educativo alcanzado por los talleres realizados por la Fundación Matrix. Abordar expresamente la formación en igualdad de género y violencia contra la mujer en la educación secundaria y el bachillerato es importante para evitar nuevas generaciones de maltratadores y víctimas.

 

Mtr. Sandra Tilve, Coordinadora del Área de Igualdad y Bienestar Social de la Fundación Matrix

Dr. Javier Montalvo, Profesor de la Universidad de Vigo y Director Ejecutivo de la Fundación Matrix

 

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